OFF #32 | La newsletter para retomar el control
Octubre 2025
OFF #32 | Desconectar mola: el nuevo lujo aspiracional
Hace unos años, sacar el iPhone y dejarlo sobre la mesa era una señal de estatus, casi tan ostentoso como llevar un reloj de lujo. Hacer scroll delante de los demás en vez de mirarlos a la cara reflejaba una postura similar a la de encender un cigarro años atrás.
Poco a poco, sin embargo, emerge una tendencia inversa: para cada vez más personas, un estilo de vida menos conectado es valorado positivamente e incluso remite a su vez a una imagen de mayor estatus.
Cada vez observamos más figuras públicas y prescriptores de opinión que practican un estilo de vida más analógica e invitan a los demás a seguirles:
Músicos que imploran a su público que dejen de grabar sus conciertos y simplemente miren sus recitales, estrellas de cine que exhiben sus teléfonos de teclas, miembros de la realeza que prefieren criar a sus hijos sin smartphones, etc.
¿Podría este cambio de percepción respecto a lo que es cool contribuir a revertir el problema de la hiperconexión, del mismo modo que ocurrió en otros casos, como con el tabaco?
Más presencia, menos pantallas
El cantante y compositor británico Ed Sheeran no lleva consigo un teléfono móvil. “No he tenido teléfono desde 2015” afirmó en una entrevista, explicando que tras hacerse famoso veía cómo recibía decenas de miles de contactos y mensajes.
El actor Christopher Walken es aún más radical: “No tengo móvil. Nunca he enviado un correo electrónico ni, ¿cómo se llama?, twitteado”.
El actor canadiense Michael Cera, usa un teléfono plegable antiguo. Este hecho no pasó desapercibido durante la promoción de la película Barbie en la que sus compañeros abrieron un chat de grupo al que él no podía unirse, al no tener un smartphone.
Denunciar los efectos adversos del móvil
En España, el periodista Pedro Piqueras, uno de los primeros en unirse al Movimiento OFF y patrono de nuestra fundación, no dudó en asemejar el smartphone a una droga.
La surfista vasca Garazi Sánchez se convirtió dio un ejemplo de desconexión consciente tras una lesión que la llevó a replantearse su relación con la tecnología. Su documental Modo Avión (2025) ilustra su experiencia de prescindir del móvil durante 15 días en México, alejada de las pantallas, para reconectarse con su cuerpo, las olas y la vida real. “¿Antes cuántas horas pasaba al móvil? Igual 6 o 7… me da hasta vergüenza decirlo”.
El pasado verano, el músico Enrique Bunbury explotó en mitad de un concierto ante los fans que lo grababan:
“Yo entiendo a la locura que hemos llegado, pero si estás en primera fila seguro que hay mucha gente a la que le gustaría estar ahí disfrutando, conectando, participando, cantando las canciones, utilizando las manos para algo más que sostener un p*t* apéndice tecnológico”.
Crianza sin smartphones
Cada vez más referentes públicos explican también abiertamente por qué no entregan smartphones a sus hijos.
Recientemente, el Príncipe Guillermo de Inglaterra afirmó que ninguno de sus hijos tenía teléfono móvil, reivindicando la importancia de sentarse a la mesa sin interferencias para comer en familia.
Los hijos de Penélope Cruz y Javier Bardem no tienen teléfonos móviles y en una entrevista la actriz explicó:
“Es muy fácil ser manipulado, especialmente si tienes un cerebro que aún se está formando. ¿Y quién paga el precio? No nosotros, ni nuestra generación, que quizá a los 25 años aprendimos cómo funcionaba un BlackBerry. Es un experimento cruel con niños y adolescentes”.
¿El nuevo lujo?
En un mundo donde estar siempre conectados se da por sentado, elegir lo analógico se ha convertido en un gesto de vanguardia –no en algo retrógrada. Limitar el uso del móvil no es retroceder sino recuperar su tiempo y atención y silencio en una era saturada de estímulos.
Y aunque a veces pueda aparecer como una opción elitista, en distintos sectores de la población va calando la idea de que estar siempre enganchado al móvil no ofrece una imagen tan atractiva como parecía.
Es cierto que estos referentes coexisten con influencers que siguen vehiculando el mensaje contrario. Pero ayudan a hacer evolucionar las mentalidades, ofreciendo ejemplos concretos de cómo redefinir su propia relación con la tecnología en el día a día y de los beneficios que esto conlleva. Reinventan, cada uno a su manera, el botón OFF.
Evidentemente, este solo es uno de los ingredientes que van a permitir impulsar un cambio cultural a gran escala.
Debe ir acompañado de educación, regulación y, tal vez, de otras acciones ingeniosas que nos hagan percibir que lo que mola es tener una relación más intencional con la tecnología que nos rodea, lo cual supone saber mantenerla a distancia.
Desde el Movimiento OFF tenemos como objetivo activar todas estas palancas que permitan pasar de la reflexión a la acción y resulten en cambios concretos.
En este sentido, pronto anunciaremos una campaña global ambiciosa en la que esperamos que nos acompañes.
Si aún no lo has hecho, te invitamos a sumarte a nuestras iniciativas y formar parte del Movimiento OFF.
Si quieres ir un poco más lejos, este es uno de los principales mensajes que subyacen de las 50 reflexiones que componen mi último libro, Retomar el control.
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Una vez al mes, propongo una reflexión sobre una faceta específica de la digitalización de nuestras existencias y sus consecuencias.